El establecimiento de Jueces no logró el fin último para el cual fueron instaurados, puesto que no lograron la unificación de todo el pueblo de Israel, debido a que el dominio o guía de los Jueces abarcaba apenas algunas pocas de las tribus que integraban Israel. De allí que, el surgimiento de Samuel en la historia del pueblo de Israel se hace necesaria para intentar consolidar a los israelitas en un solo pueblo, al instaurar el Estado monárquico, que, de alguna forma o manera, obligara a todo el pueblo a someterse a la guía de un rey. Este sometimiento se logra gracias a que, todo el pueblo de Israel reconocía que Samuel se encontraba bajo una especial protección de Yahweh, en su nacimiento, en su vocación y en todas sus actuaciones -(1Samuel 3:19-21)-, por lo que, cuando nombró a Saúl como rey de Israel, la mayoría del pueblo lo aceptó como 'ordenado por Yahweh'.
Claro que, El Verdadero Rey de Israel Es Yahweh, por lo que, estos reyes
mundanos deberían esforzarse por cumplir y hacer cumplir La Voluntad de Yahweh.
Pero la monarquía con sus instituciones propias (ejército, políticos,
comerciantes, ...) más la prepotencia de aquellos que no aceptan ser dirigidos
por otro hombre, que muchas veces abusa de su poder, llevan a Israel a
transgredir constantemente El Plan de Yahweh. Entonces, se hizo necesario que,
desde los inicios de la monarquía, se instituyeran a los Profetas, como la
conciencia crítica de los reyes y de todo el pueblo. Los primeros Profetas que
intervienen en los inicios del período monárquico son Samuel, Gad y Natán.
No por casualidad sino por Providencia, la mamá de Samuel le otorgó un
nombre con el significado de lo que habría de ser su vida. Samuel significa
'Escuchado por Dios' y cuando Dios Escucha con seguridad Responde, lo que nos
indica que existe una 'comunicación entre Dios y Samuel'. Claro que, este
nombre se lo colocó Ana (Compasiva) en atención a que había sido escuchada por
Dios, al concederle un hijo, pese a ser estéril. En aquellos tiempos, tener un
hijo, preferiblemente varón, era más que un deseo amoroso, una necesidad,
puesto que se consideraba que la esterilidad era un castigo divino, quizás por
pecados en vidas pasadas. De allí que, cuando alguna mujer estéril concebía, se
interpretaba que Dios había perdonado el pecado de aquella mujer, por lo que
era frecuente que, cuando la otrora mujer estéril daba a luz, pues le dedicaba
a Dios a aquel hijo, con la firme promesa de que aquel hijo jamás se desviaría
de Dios. En el caso de Ana, su deseo de procrear era tan grande que, le ofreció
a Yahweh Sebaot que, si le daba un hijo varón, se lo entregaría al servicio de
Yahweh por todos los días de su vida y que la navaja no tocaría su cabeza
-(1Samuel 1:11)-.
Ciertamente ésta promesa, hecha a Dios, se tornaba bastante difícil de
cumplir, puesto que era otro quien debía cumplirla. Sin embargo, en aquellos
tiempos era mucho más fácil ofrecer un hijo a Dios porque la mayoría de los
hijos procuraban obedecer a sus padres y no contrariarles, por lo que
procuraban ser consecuentes con el ofrecimiento de sus padres. Claro que, esto
no siempre era posible, como ocurrió con Sansón quien, al hacerse adulto se
gozaba de su fuerza, hasta que se olvidó de su nazareato. Quizás, para evitarle
a su hijo el triste destino de Sansón, Ana colocó bajo la tutela de Elí,
Sacerdote de Yahweh, a su hijo Samuel, apenas lo destetó.
Tristemente, estar bajo la tutela de un Sacerdote de Yahweh realmente no
garantiza que el tutelado procure a Dios. Esto quedó demostrado con los propios
hijos de Elí, quienes debido a sus muchas prevaricaciones contra Yahweh,
condenaron a la extinción a casi toda la casa de Elí y, por extensión a los
descendientes de la tribu de Leví, quienes habían sido Consagrados por nuestro
Amoroso Padre Dios como Sacerdotes. Y presten atención, Elí se hizo merecedor
de tan grande castigo simplemente por amar más a sus hijos que a Dios:
"... ¿Por qué honras a tus hijos más que a Mí? ..." -(1Samuel
2:29)-.
Bendito sea nuestro Amoroso Padre Dios porque, pese a las muchas torpezas
de sus 'escogidos' para guiarnos, nunca deja de proveernos de guías, incluso
valiéndose de la estupidez humana. La estupidez humana nos mueve a hacer
distinción entre lo que creemos nos pertenece y aquello que sabemos que no es
nuestro. Consecuentemente, salvo pocas excepciones, los seres humanos
difícilmente amarán a los hijos de otros tal y como aman a sus propios hijos.
De allí que, a los fines de "suscitar un Sacerdote fiel, que obrara
conforme a El Corazón y Los Deseos de Dios" -(1Samuel 2:35)-, pues,
nuestro Amoroso Padre Dios movió a Ana a dejar en las manos de Elí a Samuel, a
fin de que fuera educado rigurosamente por Elí, como debió haber educado a sus
hijos, para comportarse como verdadero Sacerdote de Yahweh Sebaot, nombre que
le daban a Dios, en aquellos tiempos. Hermosamente, Yahweh Sebaot se traduce
como "YAHWEH DE LOS EJÉRCITOS", lo que significa que reconocían a
Yahweh como El Dios de los ejércitos de Israel, así como de Los Ejércitos de El
Cielo, lo cual incluye los astros del cielo, los Ángeles, ... TODAS LAS FUERZAS
CÓSMICAS.
Sé que muchos me dirán que Samuel no podía ser consagrado como Sacerdote,
puesto que no pertenecía a la tribu de Leví, sino a la tribu de Efraín. Sin
embargo, les aclaro que, la palabra 'Sacerdote' se interpreta como 'Aquel que
tiene permiso para acercarse'. Consecuentemente, el permiso para acercarse a
nuestro Amoroso Padre Dios sólo lo Puede Otorgar nuestro Amoroso Padre Dios a
quien Él Quiera y, evidentemente, Samuel contaba con ese Permiso desde el mismo
momento en que nuestro Amoroso Padre Dios Se Lo Otorgó al Comunicarle Su
Voluntad -(1Samuel 3:11)-. De hecho, esta prerrogativa de ser Sacerdotes,
otorgada por nuestro Amoroso Padre Dios a la tribu de Leví, el propio Yahweh,
que se las otorgó, se las retiró cuando le aseguró a Elí que: "Yo había dicho
que tu casa y la casa de tu padre (Leví) andarían siempre en Mí Presencia, pero
ahora -Palabra de Yahweh- Me Guardaré Bien de ello. Porque a los que me honran,
Yo Los Honro, pero los que me desprecian son despreciados" -(1Samuel
2:30)-.
De manera que, queda confirmado que, alcanzar La Gracia de nuestro Amoroso
Padre Dios y no esforzarnos por Conservarla, puede llevarnos a caer en
desgracia. Así que, jamás nos confiemos en que, por haber alcanzado Las
Bendiciones de nuestro Amoroso Padre Dios, ya no tenemos más nada que hacer por
avanzar espiritualmente, porque corremos el riesgo de perder esas Bendiciones,
al dejar de esforzarnos por mantenernos cerca de nuestro Amoroso Padre Dios.
Cada día, al acostarnos y al levantarnos, nunca olvidemos decirle a nuestro
Amoroso Padre Dios: "Habla Yahweh, que tu hijo escucha" y estemos
pendiente siempre de nuestros sueños y de Las Señales, a fin de que escuchemos
ciertamente Sus Palabras y jamás perdamos Sus Bendiciones, al no hacernos
conscientes de nuestra Dignidad de Hijos, la cual nuestro Amoroso Padre Dios
nos Ha Otorgado tan Generosamente.
Escrito por: Noel José Méndez Ydrogo
No hay comentarios:
Publicar un comentario