Quizás el mejor ejemplo de UN VERDADERO CREYENTE lo es el gran José y por eso me refiero a él como EL VERDADERO CREYENTE. Como una gran mayoría de los sustantivos personales o nombres que encontramos en la Biblia, José es un nombre teofórico (portadores de la deidad), cuyo significado es 'Yahweh Añadirá', porque Raquel, quien era estéril, finalmente pudo darle un hijo a Jacob, su amado esposo, y agradeciéndole a Dios este hermoso milagro, deseo que le otorgara uno más y por eso llamó al recién nacido: 'Yahweh Añadirá', como diciendo "Añádame Yahweh otro hijo" -(Génesis 30:24)-.
Hoy en día se ha perdido la hermosa tradición de ponerle nombres a los
hijos con significados teofóricos. Y los que tienen nombres teofóricos ni
siquiera saben los que significa su nombre, porque, muy probablemente, ni
siquiera la mamá de ese niño sabe el significado del nombre que le otorgó.
Quizás por eso sobre abundan los delincuentes, puesto que nadie tiene
conciencia del nombre que porta y en consecuencia poco les importa Dios.
Así como en aquellos tiempos guardaban especial interés por la
primogenitura, se consideraba que los nombres eran muy importantes, porque
hablaban de un hecho acontecido durante el parto, que diferenciaba a un hijo
del siguiente, o significaban algún deseo o solicitud a Dios, para ese niño o
para la familia. Pero sobre todo, en aquellos tiempos era muy importante la
descendencia, porque se creía que si una mujer no podía dar hijos era como un
castigo de Dios. Por eso, cuando Raquel logró quedar embarazada se alegró
muchísimo y deseo tener muchos más hijos para Jacob, para alegrarlo en su vejez
y para demostrarle que ya era bien vista por Dios.
Así como en nuestros tiempos, en aquellos tiempos no estaban muy pendientes
de Las Señales Divinas, por lo que consecuentemente le achacaban a Dios los
bienes y los males, sin evaluar los acontecimientos, para descubrir Las
Señales. Si Jacob hubiera estado pendiente de Las Señales Divinas quizás
hubiera descubierto que Lía era fecunda porque Jacob no la amaba, por no decir
la aborrecía, mientras que a Raquel, quien era muy amada por Jacob, la hizo
estéril -(Génesis 29:31)-. Las Señales Divinas nos señalan -valga la
redundancia- en dónde se encuentran nuestras fallas o errores, por eso es tan
importante vigilar o estar pendientes de Las Señales.
Si bien es cierto que, en las Santas Escrituras dice que Yahweh vio que Lía
no era amada, quizás por minimizar el error de Jacob, lo que verdaderamente
sentía Jacob por Lía era odio. Esto lo sé porque Lía se sabía 'aborrecida', dado
que, pese a haberle dado un hijo a Jacob, cuando dio a luz al segundo hijo, Lía
dijo: "Yahweh ha oído que yo era aborrecida y me ha dado también a
éste" y le puso por nombre 'Simeón', que significa 'el que oye'. A
diferencia de Jacob, parece que Lía si tenía claro que Dios Era Consciente del
odio que Jacob sentía por Lía y consecuentemente la hizo fecunda, para ver si
Jacob lograba dejar de despreciarla, siquiera por ser la madre de sus hijos.
No creo que Dios esperaba que Jacob amara a Lía tal y como amaba a Raquel,
pero evidentemente si Esperaba que por lo menos no la odiara, porque el odio
corroe el alma de quien odia. Si bien es cierto que, les he venido comentando
que pareciera que nuestro Amoroso Padre Dios, de alguna forma o manera,
procuraba que los hermanos se odiaran, esto no lo hacía porque Su Deseo haya
sido que reinara el odio entre hermanos, sino porque, a través de ese odio era
la única forma que Lograba que salieran de las comodidades de la casa de sus
padres y se procuraran su propia vida, tomando cada quien un camino diferente,
a los fines de desarrollarse, material y espiritualmente. Pero evidentemente,
nuestro Amoroso Padre Dios no aprueba el odio de ninguna forma o manera, por lo
que es tarea nuestra evitar a toda costa el odiar. De manera que, cuando
observemos Las Señales de que el odio está corroyendo nuestra alma, debemos
ejercitarnos en el amor y deslastrarnos del odio que nos carcome.
Ciertamente, de alguna forma o manera, pareciera que nuestro Amoroso Padre
Dios permitiera y hasta promoviera el odio entre hermanos, pero evidentemente
lo hace a los fines de que nos ejercitemos en el amor, combatiendo el odio que
se originó en nosotros, debido a algún maltrato u ofensa. Esto lo entendió
perfectamente Esaú, quien logró perdonar a su hermano Jacob, hasta el punto de
llegar a amarle, pese a todas las ofensas que Jacob le había propiciado
-(Génesis 33:4)-. El ejercicio de deslastrarnos del odio que nos carcome es lo
que nos hace crecer espiritualmente. ¿Cómo lograrás desarrollar un músculo si
no lo ejercitas? Sólo por esto nuestro Amoroso Padre Dios permite que surja el
odio entre nosotros, pero recuerden: "Si se enojan, no pequen y que el
enojo no les dure todo el día" -(Efesios 4:26)-. Y espero que hayan
comprendido que el odio comienza con una simple aversión o enojo que, si
dejamos que prospere en nosotros, puede llevarnos a pecar tan gravemente como
ocasionarle la muerte a un hermano.
CAPTANDO LAS SEÑALES
La Biblia nos cuenta que, Israel -anteriormente llamado Jacob- amaba a José
más que a todos sus hermanos, por ser para él el hijo de la ancianidad
-(Génesis 37:3)-, aunque yo pienso que lo amaba porque era el primer hijo que
le había dado su amada esposa Raquel. En todo caso, el mucho amor que Israel le
manifestaba a José, fue en gran parte el origen del odio que sus hermanos
sentían por José.
También nos cuenta la Biblia que, José parecía tener el Don de Profecía,
porque solía tener sueños que se podían interpretar como acontecimientos
futuros. Pero como suele ocurrir, con todas Las Señales que reciben los
Profetas, éstas no son del todo claras, sino que deben ser interpretadas, para
conocer su significado. Resulta que, José también contaba con el Don de
Ciencia, porque podía interpretar los sueños, tanto propios como ajenos.
Ciertamente, de niño, aparentemente José no lograba interpretar los sueños
que tenía, porque solía contárselos a sus hermanos, quienes al interpretarlos
aumentaban en ellos el odio por su hermano José. Evidentemente, dificulto que
los hermanos de José, al estar recubiertos de tanto odio, hayan tenido el Don
de Ciencia, para interpretar los sueños de José, sino que los sueños de José
eran tan lúcidos que su interpretación era fácil de realizar. Tan evidentes
eran los sueños de José que, incluso su papá, Israel, lo reprendió por estar
contándoles esos sueños a sus hermanos, porque Israel sabía que eso aumentaba
el odio de los hermanos de José -(Génesis 37:10-11)-.
El hecho es que, José era como una extraordinaria antena para captar Las
Señales Divinas y esto fue para José tanto un hermoso Don como una triste
maldición, porque le procuró muchos malos tratos, de sus hermanos, aunque
ciertamente también le ayudó a acercarse a nuestro Amoroso Padre Dios.
PADRES E HIJOS
Probablemente, todos los que están leyendo estas letras, conocen
perfectamente la historia de José El Soñador, porque su historia ha sido
llevada al celuloide en diferentes versiones. Consecuentemente, no he de
narrarles nuevamente la historia que ya se saben, sino que sólo me detendré en algunos
espacios de la hermosa historia de José para realizar alguna pequeña exégesis.
Si bien es cierto que José había sido bendecido por nuestro Amoroso Padre
Dios desde que le dio el nacer, tampoco es menos cierto que muchas de sus
experiencias de vida no fueron nada agradables. Al leer la historia de José,
podemos apreciar que era simplemente un niño con dones que, debido a su
temprana edad, aún no comprendía y, debido a esto, hablaba de sus sueños sin
considerar que el significado de los mismos lo que hacían eran incrementar el
odio que, por él, sus hermanos sentían.
A pesar de ser un niño muy amado y consentido, José era un niño muy
obediente y respetuoso de sus padres, cosa que no podemos decir, con seguridad,
de sus hermanos. Esto lo podemos dilucidar al leer que cuando Israel le pidió a
José que fuera Siquén, para ver que había ocurrido con sus hermanos,
obedientemente dijo: "Estoy listo", pero cuando llegó a Siquén un
hombre le dijo que no estaban en Siquén, sino que habían partido a Dotán, bastante
más al norte de donde Israel había enviado a pastorear a sus hijos. Cabe
preguntarse qué hacían los hijos de Israel tan alejados de donde su padre les
ordenó ir. Aparentemente, los hijos de Israel no eran muy obedientes, pero sí
bastante envidiosos.
Para aquellos quienes, como yo, han superado los 50 años de edad, les será
mucho más fácil advertir que pareciera que los hijos de Israel, además de
envidiar a su hermano José, pareciera que odiaban a su papá Israel. Esto lo
podemos apreciar al evaluar el recado que le hicieron llegar a su papá, para
comunicarle la supuesta muerte de su amado hijo José, porque le notificaron,
secamente, sin ningún tipo de buenos sentimientos: "Esto hemos encontrado:
examina si se trata de la túnica de tu hijo o no". ¡Cuanto desdén en esta
misiva! ¡Que poco amor para comunicar la supuesta muerte de un hermano!
Aquellos que hemos superado los 50 años de edad, sabemos que el poco amor
-o si se quiere el mucho odio- que los hijos de aquellos tiempos pudieran
sentir por sus padres se fundamentaba en el poco amor que los padres, sobre
todo los papás, le MANIFESTABAN a sus hijos. Les coloqué en mayúsculas
'MANIFESTABAN', porque el hecho de que no lo manifestaran no significa
necesariamente que no sentían amor por sus hijos, sino que era propio de
aquellos tiempos 'ganarse el respecto' por la fuerza y consecuentemente los
padres evitaban manifestar amor a los hijos para evitar que los hijos les
faltaran el respeto. Como dicen por allí: "La confianza da asco" y
esto es lo que evitaban los padres al manifestar amor, que los hijos abusaran
de la confianza, puesto que el amor manifiesto se confunde con debilidad de
carácter, generando el abuso por parte del ser amado.
Bendito sea nuestro Amoroso Padre Dios porque, casi todos los que nacimos hace
medio siglo, contamos con La Gracia de tener papás que habían decidido
apartarse un poco de la usanza, aunque no mucho, para evitar que abusáramos de
la confianza. Mi papá (QEPD) supo manejar eficientemente la mano derecha y la
mano izquierda, de manera que me manifestó muchísimo amor, dedicándole mucho
tiempo a mi educación y sano crecimiento, pero también supo darme mis cuerazos
cuando me descarriaba.
Gracias a nuestro Amoroso Padre Dios algo heredé de aquella forma de
manifestar amor evitando el abuso de la confianza, pero ciertamente no es tan
sencillo, porque a muchos hijos, quizás por su inmadurez, les cuesta comprender
la necesidad de la vara en su educación y, por el hecho de ser corregidos con
cierta severidad, terminan odiando a los padres, a pesar del amor que estos
pudieran sentir por sus hijos. Claro está que, ésta incomprensión de los hijos,
muchas veces se fundamenta en la mala aplicación de la vara, por parte de los
padres, y otras veces se fundamenta en la inexistencia absoluta de manifestaciones
de amor de los padres, a quienes muy probablemente jamás les manifestaron amor,
durante su crecimiento y desarrollo.
Tristemente, muchos de los padres de los tiempos actuales, han perdido el
necesario equilibrio entre la manifestación de amor y la corrección certera.
Algunos padres, por temor a perder el amor de los hijos, les dan tanto amor que
al final igualmente los pierden, porque ellos terminan abusando del amor. Otros
padres viven tan pendientes de corregir a los hijos, por temor a que se equivoquen,
que terminan perdiendo a los hijos, porque estos llegan a odiarlos. Muy
probablemente, éste fue el caso de Israel, quien procuró educar a sus hijos
severamente, olvidándose del amor, motivo por el cual, ALGUNOS de sus hijos,
eran tan insensibles, tanto con su hermano José como con su papá Israel.
COMPRENDIENDO LAS SEÑALES
José era tan buen niño que jamás hubiera esperado que sus propios hermanos
le lastimarían, por eso estuvo dispuesto a ir hasta Dotán -bastante alejado de
Betel- para cumplir con el pedido de su papá Israel. El odio que aquellos
hermanos sentían por José era tal que le iban a dar muerte y, de no ser por
Rubén, con seguridad lo hubieran hecho. Para mí es impresionante ver la maldad
que se había adueñado de aquellos hermanos de José que, gracias a nuestro
Amoroso Padre Dios, Rubén supo apreciar tan evidentemente que decidió no
llevarles de golpe la contraria, porque de haberlo hecho quizás hasta hubieran
asesinado a su hermano mayor, para lograr sus nefastos deseos.
Las Señales le dijeron a Rubén que, si trataba de impedir que sus hermanos
menores asesinaran a José, con toda seguridad lo asesinarían también a él. Así
de enorme era el odio que Rubén vio en el semblante de sus hermanos menores.
Rubén vio que sus hermanos no respetarían su primogenitura y decidió salvar la
vida de José, pidiéndole a sus hermanos que lo lanzaran a un pozo, y que luego
lo dieran por perdido y, aunque las intenciones de Rubén eran sacarlo luego del
pozo para llevárselo sano y salvo a su papá, éstos planes fueron truncados por
Judá, cuarto y último hijo de Lía, quien ideo el plan de venderlo a una
caravana de mercaderes medianitas (ismaelitas), que pasaban por aquel lugar.
Quizás Judá vio en aquella caravana La Señal para evitar que José fuera
asesinado y convenció a sus hermanos de sacarle ganancia monetaria al hermano
que les era tan molesto. Es muy probable que Judá, al igual que Rubén, no
quería que asesinaran a su hermano José, pero, pese a ser uno de los mayores,
tampoco quiso imponer su autoridad para hacerlos cambiar de opinión, respecto
al juicio dictado de asesinar a José, porque presintió (Señales) que también lo
asesinarían a él.
Lo que, con seguridad ninguno, ni siquiera José, sabía es que todo lo que
estaba ocurriendo estaba anotado en El Plan de Dios, Quien al Someter a José a
éstas duras Pruebas lo ayudaría a crecer espiritualmente y a su vez José
ayudaría a que se cumpliera la profecía que le adelantó Dios a Abraham, cuando
le dijo: "Has de saber que tus descendientes serán forasteros en tierra
extraña. Los esclavizarán y oprimirán durante cuatrocientos años..."
-(Génesis 15:13)-. Si todo esto no hubiera ocurrido tampoco se hubieran
cumplido los sueños de José. Y así lo comprendió José y por eso le dijo a sus
hermanos: "Yo soy su hermano José, a quien vendieron a los egipcios. Ahora
bien, no les pese ni les dé enojo el haberme vendido, pues para salvar vidas me
envió Dios delante de ustedes" - (Génesis 45:4-5)-. José comprendía que
todo ocurre por algún motivo o razón, Las Señales están allí, sólo hace falta
interpretarlas, como interpretó José los sueños.
Para mí es altamente interesante ver el hermoso detalle que tuvo el
faraón con José, cuando decidió
nombrarlo primer ministro. Dice el Génesis: Pareció bien el discurso al faraón
y a todos sus servidores, y dijo el faraón: "¿Acaso se encontrará otro
como éste que tenga El Espíritu de Dios?" Y dijo el faraón a José:
"Después de haberte dado a conocer Dios todo esto, no hay entendido ni
sabio como tú. Tú estarás al frente de mi casa, y de tu boca dependerá todo mi
pueblo. ¡TAN SOLO EL TRONO DEJARÉ POR ENCIMA DE TI!". Dijo el faraón a
José: "Mira: te he puesto al frente de todo el país de Egipto". Y el
farón se quitó el anillo de la mano y lo puso en la mano de José, le hizo vestir
ropas de lino fino y le puso el collar de oro al cuello; luego lo hizo montar
en su segunda carroza, e iba gritando delante de él: "¡Abrek!"
-¡Prostérnense!-. Así lo puso en frente de todo el país de Egipto. Dijo el
faraón a José: "Yo, el faraón: sin tu licencia no levantará nadie mano ni
pie en todo Egipto". El faraón llamó a José Safnat Panéaj... -(Génesis
41:37-46)-. Muchas veces leo en el Corán que "DIOS HACE LO QUE
QUIERE" y sabiendo esto me impresiona que en algunos versos se insista en
que no puede hacer esto o aquello, como el hecho de tener Hijo. ¿Acaso Dios no
puede hacer mucho más que faraón?
Por cierto, para no dejarles con la curiosidad activa: Safnat Panéaj al
parecer significa 'Preservador del Mundo' o 'Mantenedor de la Vida', aunque
algunos lo interpretan como: 'Revelador de Secretos'. Sea cual fuere la
traducción de tan extraño nombre, otorgado por el faraón a José, nos queda
claro que el faraón tenía en tan alta estima a José. Tan alta que,
prácticamente el faraón nombró a José: FARAÓN. De hecho, así lo reconocía Judá,
el gran patriarca de los judíos, cuando le dijo a José: "Con permiso ,
señor, tu siervo va a pronunciar una palabra a mi señor, y que no se encienda
tu ira contra tu siervo, pues TÚ ERES COMO EL MISMO FARAÓN..."-(Génesis
44:18)-. Ahora bien, si faraón, rey de Egipto, podía hacer lo que quería en
Egipto, con mucha mayor razón nuestro Amoroso Padre Dios Puede Hacer Lo Que
Quiere en todos los Mundos, simplemente porque Él Es El Rey de todos los
Mundos.
DESEOS O PROFECÍAS
Para nuestros antepasados en la fe, las bendiciones al primogénito eran muy
importantes porque significaban los 'buenos deseos' del padre, los cuales se
formulaban como una 'buena profecía' para el primer hijo. Tristemente, debido
al desconocimiento de lo que Realmente Es Dios, se solía creer que sólo se
podía desear algo una sola vez, por lo que se hizo necesario defender
vehementemente la primogenitura. Nuestro Amoroso Padre Dios Intentó de muchas
maneras de hacernos ver el error de creer que sólo podíamos desear cosas buenas
a un solo hijo, pero nos costaba salir de nuestra ignorancia y falta de fe.
Aparentemente, Israel, quien le había robado la primogenitura a su hermano
Esaú, con el paso del tiempo, quizás por haber tenido tantos hijos, comprendió
que lo importante no es la primogenitura sino los buenos deseos que yo tengo
para cada uno de mis hijos, los cuales, de alguna forma o manera, han de ser
una profecía, para cada hijo, porque es nuestro Amoroso Padre Dios Quien Ha de
Cumplirme los deseos. Esta comprensión de Israel, respecto a las bendiciones al
primogénito, las podemos apreciar en Génesis 48:17:22)-.
En el capítulo 49 del Génesis podemos descubrir que, cuando Israel le está
otorgando bendiciones a sus hijos, pareciera que a algunos hijos les está maldiciendo,
en vez de bendecir. Esto es porque, aquel que había alcanzado La Hermosa
Amistad de nuestro Amoroso Padre Dios, consecuentemente había obtenido ciertos
Dones, como el de Profecía, que le permitía vislumbrar lo que habría de ocurrir
con cada uno de sus hijos. Y como los deseos nada tienen que ver con las
profecías, pues a cada hijo de Israel le tocó lo que le tenía que tocar, no
porque Israel lo deseara, sino porque así sabía Dios que ocurriría.
Llama poderosamente la atención la bendición otorgada a Judá -cuarto hijo
de Israel-, la cual, por algún motivo o razón, era la mejor de todas las
bendiciones otorgadas por Israel a sus hijos, tanto cuanto lo puso por
autoridad sobre el resto de sus hijos, al decirle: "A ti, Judá, te alaben
tus hermanos. Tu mano en la cerviz de tus enemigos. ¡Inclínense ante ti los
hijos de tu padre!" -(49:8)-. Esta bendición profética ciertamente se
cumplió, puesto que a los otrora israelitas hoy en día se les denomina
judíos.
Israel también profetizó para Judá que su cetro jamás se iría de su mano
hasta que viniera Aquel a Quien Realmente Le Pertenece y al que le harán
homenaje los pueblos -(Génesis 49:10)-. "El que tenga oídos que oiga"
-(Mateo 13:9-15)-.
¡PROCUREN ESTAR PENDIENTES DE LAS SEÑALES!!!
SEGÚN EL GRAN JUEGO
Tristemente, parece que nacemos odiando y quizás por eso si un recién
nacido no llora con cierta arrechera entonces no está vivo. Pero el hecho de
que aparentemente el odio forma parte de nuestra naturaleza, esto no quiere
decir que debemos vivir la vida odiando. Todo lo contrario: EL GRAN JUEGO
CONSISTE PROPIAMENTE EN DESLASTRARNOS DEL BARRO QUE RECUBRE NUESTROS ESPÍRITUS
EL CUAL NOS MUEVE A ODIAR.
Los hermanos de José le odiaban debido al barro de la 'envidia' que
recubría sus espíritus, en atención al mucho amor preferencial que manifestaba
Israel, su padre, por José. Y este odio crecía día con día, hasta el punto de
que desearon ver muerto a José y hasta estaban dispuestos a asesinarle. De
hecho, lo intentaron, pero como nuestro Amoroso Padre Dios nunca pierde el
control de la vida de Sus Jugadores, tomó el control de los hechos que
acontecían y Logró Evitar que cumplieran sus nefastos deseos. Aprovechó también
para Redireccionar todos acontecimientos a los fines de que se cumplieran los
planes que había Diseñado para Su Pueblo Escogido. ¡NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS
NUNCA PIERDE EL CONTROL DE LA VIDA DE LOS QUE LE PROCURAN!!!
Esto lo iba comprendiendo José y por eso aceptaba pacientemente y con
humildad el desarrollo de acontecimientos tan nefastos. Su fe jamás decayó,
como tristemente suele ocurrir con muchos dizques creyentes, al ser sometidos a
ciertas pruebas. Muchos son los que, al ser probados, para comprobar su fe, se
rinden ante las pruebas y deciden pasarse al bando contrario. José fue invitado
por satanás a pasarse al bando contrario -(Génesis 39:7-12)- y por no aceptar
le aplicaron pruebas más duras, las cuales José soportó estoicamente.
Ciertamente, José pudo superar todas las pruebas porque en todo momento procuró
mantener presente la importancia de ser responsable en los roles que le tocó
jugar y por esto nuestro Amoroso Padre Dios Le Asistió en todo momento
-(Génesis 39:2)-. José se esforzó por ser el mejor de los hijos. También
procuró ser el mejor de los hermanos, a pesar de que ciertamente sabía del odio
que le tenían sus hermanos. Cuando le tocó ser mayordomo se esforzó por ser el
mejor de los mayordomos. En todos los roles que le tocó jugar, José procuró dar
lo mejor de sí, esforzándose por ser el mejor.
Una de las claves para adelantar niveles, en El Gran Juego, es reconocer y
aceptar el rol que nos ha tocado jugar en ese nivel o en los múltiples niveles
que nos toque jugar. En el nivel del Juego en donde me toca ser papá, debo
hacerme consciente de mi responsabilidad como padre al educar sanamente a los
hijos. Esta responsabilidad implica dar amor o corregir con la vara, según sea
lo que el hijo necesite en ese momento. En el nivel del Juego en donde me toca
ser hijo, debo hacerme consciente de que eso soy -hijo-, sea cual fuere la edad
que tenga en el momento que mi papá o mi mamá me estén corrigiendo. Un hijo
debe aceptar con humildad -sin molestarse- la corrección de los padres. Y esto
sin importar si ya yo soy padre, porque haber alcanzado el nivel del padre no
me exime de mis responsabilidades en el nivel de hijo, nivel que será superado
cuando mis padres mueran.
Más arriba les escribí ALGUNOS en mayúsculas y no les expliqué el por qué.
Lo hice para recalcar que no todos los hijos de Israel eran de malos
sentimientos. Evidentemente, como en la mayoría de las familias, algunos hijos
son mejores que otros, debido a que no todos nacieron el mismo día. Resulta
que, aunque a muchos de ustedes les cueste creerlo, en El Diseño de El Gran
Juego, nuestro amoroso Padre Dios dibuja, con fino detalle, hasta las
pinceladas más tenues. Todos los hijos son diferentes, pese a nacer de los
mismos padres, porque nacen en días diferentes o, lo que es lo mismo, bajo la
influencia de diferentes astros. Créanlo o no, todos nacemos bajo el astro que
define nuestra personalidad, la cual es el resultado de lo que hemos venido
acumulando vida tras vida. Debido al tiempo y a los temas que estoy tratando en
estos tiempos, no me puedo detener a explicarles lo de la influencia de los
astros en el desarrollo de El Gran Juego, pero prometo que en algún momento
hallaré espacio para explicárselos. Mientras, confórmense con saber que cada
quien es lo que es porque nació bajo la influencia de algún astro específico,
pero que esto no sea motivo para aceptar con simpleza lo que son, evitando
esforzarse por ser mejores, porque el hecho de que seas Aries no quiere decir
que no puedas llegar a ser Acuario. De hecho, se espera de ti que crezcas
espiritualmente, cosa que a veces implica ir en contra de nuestra propia personalidad,
que quizás es el resultado de acumular mucha soberbia en vidas anteriores, por
lo que debes luchar en contra de esa soberbia y modelar -para mejor- tu
personalidad.
José aprendió que "Ni una sola hoja de un árbol se cae sin que Dios
tome cuenta de ello" y esto lo aprendió al ser sometido a duras pruebas.
Pero esto jamás lo hubiera aprendido sino no hubiera sido humilde durante la
Enseñanza que nuestro Amoroso Padre Dios se esmeraba por darle. José fue un
buen discípulo de nuestro Amoroso Padre Dios, El Maestro de maestros. En el
diccionario se define 'discípulo' como la persona que 'aprende' una doctrina,
ciencia o arte bajo la dirección de un maestro. Esto es porque, se considera
que la palabra 'discípulo' deriva de la palabra latina 'discere', que significa
'aprender' o 'conocer'. Sin embargo, si bien es cierto que, la palabra
‘discípulo’ hace referencia a ‘aquel que aprende’, muchos han concluido que su
composición etimológica hace más bien referencia a ‘aquel que se deja enseñar’.
En este orden de ideas, el discípulo es aquel que ‘sigue a alguien para
aprender de él’. De allí que, Yeshuá designó como 'discípulos' a todos aquellos
que quisieran aprender de Él, que quisieran imitarlo en su desempeño de vida,
al ACEPTAR SUS RESPONSABILIDADES.
En todo centro de enseñanza, llámese colegio, liceo, escuela, universidad,
salón de clases,... ¡LA VIDA MISMA!, se pretende del discípulo, es decir, el
que aprende o se deja enseñar, que se deje disciplinar, o dicho de otra manera,
que se apreste para poder llevar a cabo un aprendizaje. Como habrán de
comprender, se hace necesario que, PARA APRENDER ALGO, ES PRECISO CONTAR CON EL
DESEO DE APRENDER DEL DISCÍPULO. Pero tristemente ocurre que, cada lección de
vida muchos la aprecian como un problema y no como una Prueba. Se preocupan
tanto por el acontecimiento que se les nubla el entendimiento, debido a que se
acercan demasiado al problema y no se permiten apreciar el acontecimiento en
sí. ¡A veces es preciso alejarse un poco para enfocar mejor! Si te sientas a la
distancia, a observar mejor a ese hermano, a esa hermana, a ese papá, a esa
mamá, a ese amigo, a esa amiga, ... a ese ser con quien te ha tocado compartir
tu vida, quizás llegues a descubrir que han sido colocados en tu vida
PROVIDENCIALMENTE, para que aprendas a amar, para que aprendas a aceptar, para
que aprendas a comprender, ... para que CREZCAS.
Igualmente ocurre con los acontecimientos que causan sufrimiento. Si te
sientas a la distancia a observar mejor ese acontecimiento, tal vez nefasto,
quizás llegues a descubrir en esa enfermedad, en esa pérdida, ... en ese dolor,
los sufrimientos necesarios para CRECER abundantemente en la fe y en el
Conocimiento Divino. La triste realidad es que son muy pocos los que 'aprenden'
porque se dejan enseñar. La mayoría de las personas prefieren aprender por la
fuerza, o como dicen por allí "a los golpes". Y he aquí la relación
entre 'discípulo' y 'disciplina', porque muchos prefieren 'aprender' a los
golpes, en vez de hacerlo por la instrucción impartida. Esta instrucción la
tenemos disponible en Las Sagradas Escrituras, pero muy pocos están
'dispuestos' a leer, analizar y profundizar La Palabra Divina, para 'aprender',
por las buenas, El Camino a seguir, para crecer espiritualmente.
Consecuentemente, al no aceptar la instrucción, por las buenas, surgen los
acontecimientos nefastos, a los fines de que logremos 'deslastrarnos' de
nuestras materialidades.
Mi amado papá (QEPD) me decía con mucha frecuencia: "Noel observe los
errores que otros cometen y evite cometerlos". Muchos dicen que es
imposible aprender de experiencias ajenas, pero yo lo que creo es que muchos no
están dispuestos a ser buenos discípulos y por eso prefieren experimentar los
errores que otros han cometido para aprender por las malas, lo que debieron
aprender sólo al ver a otros cometer ese error. Claro que, yo entiendo que en
el ejercicio de la vida hay que experimentar, porque sino es como estar
muertos. Pero lo que no entiendo es el por qué muchos deciden experimentar para
aprender, algunas cosas, a pesar de que han comprobado -por experiencias de
otros- que esa experiencia siempre arrojará el mismo error. Por ejemplo:
Consumir drogas siempre arrojará el mismo error, entonces por qué la consumen.
Así como las drogas, algunas otras muchas experiencias de la vida podemos
aprenderlas sin necesidad de experimentarlas y caer en el error, solo nos queda
evaluar cuáles experiencias debo vivir, debido a la posibilidad de tener una
buena experiencia o resultado, y cuáles experiencias debo evitar, porque con
seguridad resultarán en un error.
Escrito por: Noel Méndez
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