Hermosas enseñanzas podemos descubrir al leer entre líneas lo referente a los hijos de Abraham. La más importante de todas: AMBOS SON LOS PATRIARCAS DE TRES GRANDES RELIGIONES. Es la más importante de las enseñanzas porque, nos recuerda que ¡NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS TIENE EL CONTROL!
También nos enseña que, ¡PARA NUESTRO AMOROSO PADRE DIOS NADA ES IMPOSIBLE!
y Abraham comprendía esto, por eso siempre esperó ver cumplida La Promesa que
le hizo nuestro Amoroso Padre Dios, a pesar de que pasaban los años y aún no
tenía hijos. Abraham fue el primero en comprender que, ¡EL TIEMPO DE DIOS ES
PERFECTO!!! Y pese al sinfín de sucesos, que le acontecieron a Abraham desde
que recibió La Promesa, Abraham nunca dejó de esperar que se le concediera. ¡Fe
es esperar algo que parece imposible!
Abraham mantuvo su fe, igual que muchos de nosotros, a pesar del silencio
de Dios. Aunque ciertamente nuestro Amoroso Padre Dios se comunicaba con
Abraham, esta comunicación era muy esporádica y muchas veces sin Palabras, sino
por Señales. Cuando Saray, la esposa de Abraham, le pidió a Abraham que
embarazara a su esclava Agar, Abraham ya tenía diez años de estar habitando en
Canaán, la tierra que nuestro Amoroso Padre Dios le Entregó en propiedad, como
parte de La Promesa. De manera que, ya habían pasado diez años de haberse
cumplido la parte más difícil de La Promesa, porque significaba quitarle una
región a un pueblo numeroso. La parte más sencilla de La Promesa -darle un
descendiente- aún no se había cumplido, de manera que, Abraham vio en la
solicitud de su esposa una Señal de nuestro Amoroso Padre Dios. Por eso La
Palabra nos indica que: "Abram escuchó el consejo de Saray" -(16:2)-.
Y mientras tanto, nuestro Amoroso Padre Dios seguía guardando silencio,
motivo por el cual, cuando Saray le manifestó a Abraham que su esclava Agar la
miraba con desprecio, Abraham simplemente aceptó los acontecimientos como parte
de un extraño plan y simplemente le dijo a su esposa que hiciera con su esclava
como mejor le pareciese. Abraham no sabía realmente cómo nuestro Amoroso Padre
Dios Haría para Cumplir con La Promesa, por eso simplemente aceptaba lo que su
esposa decidiera y él simplemente seguiría esperando a que nuestro Amoroso
Padre Dios le Hablase, así fuera por Señales, para saber qué hacer, mientras
esperaba el cumplimiento de La Promesa. Promesa que, por demás, le había
confirmado varias veces, incluso Portentosamente -(capítulo 15)-.
Sucedió entonces que, para Agar portar al primer hijo de Abraham en su
vientre no fue nada agradable, porque al sentirse la dueña de la casa, se metió
en problemas con la verdadera dueña. Pero como nuestro Amoroso Padre Dios
Escribe Derecho sobre líneas torcidas, los enfrentamientos entre Agar y Saray
Le Sirvieron para Diseñar más complicaciones en El Juego por nuestros Mundos,
al Dibujar en el futuro de Ismael una nueva religión, diferente a la que
Dibujaría en el futuro de Isaac.
Creo que ya todos saben que Ismael es el patriarca de los musulmanes.
Resultó que, cuando Agar huyó de los maltratos de Saray, un Ángel cerca de una
fuente en el desierto y le indicó que volviera a la casa de su señora (Saray) y
que se SOMETIERA a ella y enseguida le hizo una promesa: "Multiplicaré de
tal modo tu descendencia, que por su gran multitud no podrá contarse"
-(16:10)-. También le dijo que tendría un hijo varón, al cual debía colocarle
el nombre de Ismael (Dios ha oído), porque ciertamente Oyó a Agar en su
aflicción. Es interesante la dinámica de la narrativa bíblica, porque
aparentemente no hace falta saber que, después de aquel encuentro, Agar le dio
un Nuevo Nombre a Dios: "El Roi" o "El Dios que me Ve",
porque ciertamente la vio sufriendo y se acercó a ella para consolarla.
Interesante también es el hecho de que el Ángel le profetizó a Agar que
Ismael sería un "onagro humano" -(16:12)-, lo cual hace referencia a
un 'asno salvaje', que puede lanzar a un hombre a cierta distancia con tan sólo
una coz. Con esta referencia etimológica, el Ángel le estaba diciendo a Agar
que Ismael -y su descendencia- serían difíciles de domesticar, o en todo caso
"No será nada fácil hacerlos cambiar de parecer y mucho menos de
dominarles". Quizás por ésta extraña profecía, a los norteamericanos se
les ha hecho prácticamente imposible controlar a los musulmanes.
LA INNECESARIA PRIMOGENITURA
Sé que debería estarles escribiendo acerca de Isaac, el segundo hijo de
Abraham, pero esta vez con su esposa Saray. Sin embargo, sin pretender restarle
importancia a Isaac, quisiera hacer un corte para hablarles acerca de una
extraña costumbre, sobre todo judía, de darle mucha importancia al primogénito,
por encima del resto de la prole. Importancia que, según entiendo, para nuestro
Amoroso Padre Dios es indiferente.
Ya en uno de mis artículos (no recuerdo si es el que titulé "La
Puntería Divina") les comenté acerca de algunas primogenituras
extrañamente cambiadas. En Génesis 25:30-34 leemos acerca de la venta que Esaú
(primer hijo de Isaac) hizo de su primogenitura a su hermano Jacob, por un
sencillo potaje. Y pareciera que, debido a ésta compra-venta de primogenituras,
a Jacob le fue relativamente mejor que a Esaú, de quien poco sabemos, según lo
que podemos leer en la Biblia. También en Génesis 35:16-20 podemos leer como
Jacob le otorga a su último hijo la primogenitura, al nombrarlo 'Benjamín' o 'Hijo
de mi derecha'.
Ahora bien, cuando leemos acerca de los hijos de Jacob, descubrimos que
Jacob tuvo con Lea (su primera esposa) 6 hijos, con Bilha -la esclava de
Raquel, segunda esposa de Jacob- tuvo 2 hijos, con Zilpa -la esclava de Lea,
primera esposa de Jacob- tuvo dos hijos más y, finalmente, su amada esposa
-Raquel- pudo darle a Jacob 2 hijos y, al nacer el último de éstos, Raquel lo
nombró 'Benoni' o 'Hijo de mi dolor', porque lo parió con tanta dificultad que
Raquel murió al poco tiempo de haberlo parido. A éste último -Benoni- Jacob
decidió nombrarlo Benjamín, otorgándole así el derecho a la primogenitura,
quizás por ser el último hijo que le dio su amada esposa. Sin embargo, el hecho
de que Jacob le dio a su último hijo el derecho a la primogenitura, parece que
esto no causó ningún movimiento cósmico importante, porque Benjamín no logró
ningún evento histórico importante, cosa que si logró Judá (cuarto hijo de Lea,
primera esposa de Jacob) quien logró dominar en número y poderío a sus otros
once hermanos, obteniendo así el privilegio de que a los descendientes de Jacob
-por ende, de Abraham- les denominaran judíos.
De manera que, aunque la primogenitura pareciera tener alta importancia
para los hombres, para nuestro Amado Padre Dios la primogenitura no es
importante, porque lo realmente importante es el empeño de cada quien por
destacar, sobre todo en la búsqueda de Dios. Jacob procuró con tanta fuerza a
nuestro Amoroso Padre Dios que mereció ser renombrado como 'Israel' que, pese a
que aunque muchos transliteran como "El que lucha con Dios", otros
estudiosos han traducido como: "El que se dirige hacia Dios", al
considerar que proviene de la palabra hebrea 'ishr', que significa 'directo o
recto hacia'.
Sirva el preámbulo de éste capítulo para aclararles que, según lo veo yo,
son altamente innecesarias las discusiones respecto a quien es o debería ser
considerado el primogénito de Abraham, puesto que para Dios lo importante no es
quien nace primero o quien tiene ese derecho a la primogenitura sino que, lo
verdaderamente importante es quién esta dispuesto a "dirigirse hacia
Dios". De hecho, la circuncisión -rito representativo de la alianza o
pacto entre Dios y los descendientes de Abraham- la estableció Dios para todos
los varones nacidos en la casa de cualquier descendiente de Abraham, sin
distinción de si era realmente descendiente de Abraham. Por cierto que, la
Palabra Divina nos recuerda que, ésta 'alianza está en la carne' -(Génesis
17:13)-, lo cual quiere significar que es simplemente un signo o marca que se
porta en el cuerpo, para recordarnos a Quién Debemos Procurar -por no decir a
Quién Pertenecemos-, pero es sólo una marca o recordatorio, pero si no nos
recuerda nada -no nos mueve a procurar a Dios- pues no tiene ninguna validez
existencial.
AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS
Para los judíos y para los musulmanes es importante esclarecer a cuál de
los dos hijos de Abraham se le debe considerar el primogénito porque, según las
tradiciones, el primogénito es el digno merecedor de las mejores bendiciones de
su padre. Supuestamente, el primogénito debería ser superior a todos sus
hermanos, en todos los aspectos de la vida, pero ya hemos visto que, nacer
primero, no es condición sine qua non para ser el más destacado de los hijos.
Los judíos y cristianos mantienen que Isaac era superior a Ismael ya que
según sus puntos de vista este último era hijo de la esclava la cual no era
esposa de Abraham. Sin embargo, en Génesis 16:3 se nos dice que Saray -la mujer
de Abraham- le dio a Agar –su esclava- por mujer a su marido Abraham.
Pudiéramos afirmar que, Agar era como una segunda esposa, ya que la poligamia
era una práctica habitual de la época. Consecuentemente, estoy de acuerdo con
la versión islámica, al afirmar que Ismael es el primogénito de Abraham. Esta
versión también fue apoyada por Moisés, 400 años después de Abraham, cuando, al
tratar un caso similar a la de Abraham, estableció: “Si un hombre tiene dos
mujeres, una de ellas amada y la otra no, y tanto la mujer amada como la otra
le han dado hijos, si resulta que el primogénito es de la mujer a quien no ama,
el día que hiciera heredar a sus hijos lo que tuviera, no podrá dar el derecho
de primogenitura al hijo de la amada en preferencia del hijo de la despreciada,
que es el primogénito. Sino que reconocerá como primogénito al hijo de la no
amada, dándole una parte doble de todo lo que posee: porque éste hijo,
primicias de su vigor, tiene derecho de primogenitura” –(Deuteronomio
21:15-17)-.
El islam no niega las bendiciones de Dios a Isaac y sus descendientes, ni
menosprecia su elevada jerarquía y dentro del Corán no hay realmente mucha
diferencia entre los dos hijos de Abraham -sobre todo si se compara esto con la
Biblia o la Torá-. Sin embargo, para el musulmán, el hijo de la promesa –primogénito-
es Ismael y consideran que los textos de la Biblia y la Torá han sido
adulterados. Toman como referencia aquel pasaje “toma a tu hijo, a tu único
hijo Isaac” –(Génesis 22:2)- y manifiestan que aquí debería decir
"Ismael", puesto que Isaac no habría nacido aún. Se cree que lo que
se cambió fue el nombre y se conservó la palabra "único" que denota
el error y pone en evidencia la adulteración del texto.
Los que me han leído saben que, soy de los que piensan que Las Escrituras
Sagradas (Tanaj, Biblia, Corán) han sido altamente adulteradas por la mano del
hombre, motivo por el cual se hace necesario aprender a leer entre las Líneas
de la Escritura Sagrada, para descubrir el Mensaje Divino. Consecuentemente,
como los bahaís, apoyo la versión musulmana de que Ismael es el hijo
primogénito de Abraham y el que iba a ser sacrificado y no Isaac, pero no le
doy una importancia fundamental al tema, porque lo verdaderamente importante no
es determinar a cuál de los dos hijos se le pidió a Abraham que sacrificara, sino
que lo verdaderamente importante es que Abraham no puso peros a la solicitud de
Dios.
La Biblia no nos da muchos detalles para determinar el tiempo en el cual
Dios le solicitó a Abraham que sacrificara a su hijo. Pero extrañamente podemos
leer: “Toma a tu hijo, a tu único, AL QUE AMAS, a Isaac, vete al país de Moria
y ofrécelo allí en holocausto, en uno de los montes, el que Yo Te Diga”
–(Génesis 22:2)-. A mí me parece que alguien agregó el nombre del hijo, porque
esto es algo que no le hace falta a la solicitud de Dios. Lo que realmente es
importante en la solicitud de Dios es que le estaba pidiendo que le entregara
en holocausto al HIJO AMADO.
Nada es más difícil para un papá, que ama a su hijo, que ver a un hijo
enfermo, adolorido, … muriendo. Mucho más difícil y doloroso debe ser darle
muerte a ese hijo, simplemente por escuchar una voz del cielo que se lo está
solicitando. Sin embargo, Abraham no dudo en acceder a la extraña solicitud,
por demás dolorosa, y se dirigió con su hijo amado al país de Moria. Abraham
amó a Dios por sobre todas las cosas, incluyendo a su amado hijo. Y he aquí lo
verdaderamente importante de este relato en Las Sagradas Escrituras.
HERMANOS
Perdonen ustedes, pero me cuesta ser breve en mis relatos. Perdonen ustedes
si alargo demasiado mi plática con ustedes y les aburro, pero es que me es
difícil dejarlos sin aquello que me ha enamorado de nuestro Amoroso Padre Dios.
Es que Ha Diseñado tan hermosamente El Gran Juego que me apasiona escribirles
al respecto. Bueno, en todo caso, no escribo para todo el mundo sino para
ciertos pares quienes espero alguna vez encontrar.
Perdónenme también si los desconcierto un poco por escribirles tan
indistintamente acerca de la historia de los judíos, los cristianos, los musulmanes
y los hinduistas. Ciertamente soy católico, pero hoy en día no sé propiamente
lo que soy, en cuanto a religiones se refiere, aunque en cuanto a mi fe si
estoy segurísimo de que nuestro Amoroso Padre Dios Existe y Es Verdadero.
Después de terminar de escribirles este artículo procuraré comunicarme con
alguna congregación bahaí, porque estimo que hoy en día pareciera que quizás
los bahaís son mis pares.
Bueno, a lo nuestro. Nos queda claro que Ismael e Isaac eran hermanos de
sangre. También nos queda claro que Ismael es el primero, pero aparentemente no
el primogénito. Es posible que Abraham no haya reconocido a Ismael como a su
primogénito puesto que, cuando despidió a Agar y a Ismael de su casa, apenas
les dio pan y un odre de agua, para el camino. No nos queda tan claro cuál de
los dos fue el que viajó con Abraham al Monte Moriah para ser sacrificado, pero
ya dejamos en claro que no importa cuál de los dos fue, porque lo importante es
que Abraham Amaba más a Dios que a su propio hijo. Hermosamente, también nos queda
claro que, tanto Ismael como Isaac, vinieron a este mundo a formar parte de los
Planes de nuestro Amado Padre Dios en el Diseño de El Gran Juego. Un Juego tan
hermosamente extraño que nuestro Amado Padre Dios le dijo a Abraham: "No
lo sientas ni por el chico ni por tu criada. Haz caso a Sara en todo lo que te
dice, pues, aunque en virtud de Isaac llevará tu nombre una descendencia,
también del hijo de la criada haré una gran nación, por ser descendiente
tuyo" -(Génesis 21:12-13)-. ¿Haz caso a Sara?
La promesa de Dios a Agar había sido, según Génesis 16:12: "Éste hijo
tuyo será un hombre indomable, ¡tan indomable como un burro salvaje! Levantará
su puño contra todos, y todos estarán en su contra." Respondiendo al
pedido de Abraham, Dios cumplió la promesa de Génesis 17:20, "Con respecto
a Ismael, también a él lo bendeciré, tal como me has pedido. Haré que sea muy
fructífero y multiplicaré su descendencia. Llegará a ser padre de 12 príncipes,
y haré de él una gran nación". De manera que, nos queda claro que Abraham
también amaba a Ismael, puesto que se preocupaba por él y por eso le pedía a
nuestro Amoroso Padre Dios por el bienestar de Ismael. Yo pienso que, cuando
Abraham despidió a Agar y a Ismael simplemente con algo de pan y un odre de
agua, no lo hizo porque no amara a Ismael, sino porque estaba plenamente que,
de alguna forma o manera, nuestro Amoroso Padre Dios habría de cumplir con su
Promesa para con Ismael, tal y como se la cumplió a él. Abraham sabía que
Ismael estaba en los planes de nuestro Amoroso Padre Dios y simplemente dejó
todo el asunto de Ismael en las Amorosas Manos de Dios. Quizás si Abraham no
hubiera despedido así a Agar y a Ismael el orgullo de Ismael no se hubiera
desarrollado hasta hacer de él un "onagro humano".
Al igual que Isaac, Ismael también tuvo 12 hijos. Las matemáticas de
nuestro Amoroso Padre Dios son bastante precisas. Los 12 hijos de Ismael
fueron: Nebayot, Quedar, Adbeel, Mibsam, Mismá, Dumá, Masá, Hadad, Temá, Jetur,
Nafís y Quedemá. Mercaderes del desierto Los ismaelitas lideraron las
caravanas que traían los productos de Arabia a Egipto y Mesopotamia (Génesis
37:25). Con el tiempo, su nombre llegó a ser casi sinónimo de pueblos del
desierto. Cuando murió Sara, Abraham volvió a casarse. En esta ocasión su mujer
se llamó Queturá, con quien tuvo 6 hijos: Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac
y Súa (Génesis 25:1). Es probable que hubiese matrimonios mixtos entre los
ismaelitas y los descendientes de Abraham y Queturá, cuyos descendientes
ocuparon algunas partes de Arabia. Puesto que Ismael y Madián eran medio
hermanos, cualquier matrimonio mixto de sus respectivos descendientes —mezcla
de sangre, costumbres, rasgos y ocupaciones— podría haber dado lugar al uso
indistinto de las expresiones "ismaelitas" y "madianitas".
Esto lo podemos leer en Génesis 37:28, cuando nos narra: "Entonces, cuando
se acercaron los ismaelitas, que eran mercaderes madianitas, los hermanos de
José lo sacaron de la cisterna y se lo vendieron por veinte monedas de plata. Y
los mercaderes lo llevaron a Egipto". ¿No les parece realmente increíble
cómo nuestro Amoroso Padre Dios entrelaza los acontecimientos de nuestra
historia?
Como era de esperarse, los descendientes de Ismael y de Isaac (los
israelitas y los ismaelitas) terminarían siendo hermanos en discordia, quizás
por causa de aquella separación abrupta, algo odiosa a nuestros ojos, de Ismael
e Isaac. Asaf, músico levita en los días
del rey David, en el Salmo 83, identifica como integrantes de una alianza
contra los israelitas a "los edomitas y los ismaelitas; los moabitas y los
agarenos; los giblitas, los amonitas y los amalecitas; y los habitantes de
Filistea y de Tiro". Todos estos enemigos de Israel, que Asaf identifica
en el Salmo 83, con el paso del tiempo, todos fueron llamados ismaelitas
primero y árabes después. De allí que, a todos aquellos que consideramos
árabes, se proclaman descendientes de Ismael.
SEGÚN EL GRAN JUEGO
Según nos narran en el Génesis, Ismael fue un hábil arquero, cuya sangre
era mitad egipcia (pueblo descendiente de Mizraim, hijo de Cam, hijo de Noé) y
mitad semita (descendientes de Eber, hijo de Sem, hijo de Noé). Ismael tuvo 12
hijos, quienes "ocuparon la región que va desde Havila hasta Shur, que
está al oriente de Egipto, en dirección a Asiria". Nos revela también el
Génesis que, desde esa localidad vivieron en "franca oposición con todos
sus parientes". Su hogar fue el desierto del norte de Arabia y del este de
Siria. Los descendientes de Ismael fueron todos príncipes del desierto.
De manera que, si Abraham no hubiera hecho caso a Sara, muy probablemente
Ismael hubiera crecido como un niño mimado, consintiéndosele todas sus
malcriadeces, como aquella mala actitud de burlarse constantemente de su
hermano Isaac. Ciertamente es posible que, al madurar, la mala actitud con su
hermano hubiera cambiado y, consecuentemente, siempre hubieran estado en paz.
Entonces, jamás hubieran existido los árabes y consecuentemente nunca hubiera
hecho falta Mahoma, quien fue enviado para unir nuevamente a los hijos de
Abraham, quienes se habían separado tan odiosamente.
Si Ismael no hubiera sido separado de la casa de Abraham, muy probablemente
hubiera creído en el Único Dios Verdadero y en el Juego por nuestros Mundos no
hubieran existido dos hermanos para reunir. No hubiera sido necesario sacar de
la idolatría a uno de ellos. Justamente, Mahoma vino para unificar a todos los
descendientes de Abraham en una sola religión, particularmente a sus hermanos
ismaelitas quienes eran idólatras de muchos falsos dioses. Ciertamente, logró
unificar a sus hermanos ismaelitas, pero no logró unificar a Ismael y a Isaac,
puesto que para lograr unificar a sus hermanos ismaelitas tuvo que crear una
nueva religión. Y ciertamente logró cierta convivencia entre los ismaelitas y
los israelitas, pero ésta convivencia siempre ha sido muy frágil. Al crear una
nueva religión, agudizó las diferencias entre los ismaelitas y los israelitas,
haciendo prácticamente imposible la reunificación que vino a realizar.
El caso es que, El Gran Juego es el ejercicio constante de conocer al Único
Dios Verdadero y acercarnos a Él. Evidentemente, al comenzar El Gran Juego
todos teníamos que ser idólatras, porque ninguno de nosotros sabíamos Quién Es
Dios. De allí que, algunos comenzaron a decir que el sol era dios, otros que
era la luna, otros que era el fuego,... hasta que finalmente nuestro Amoroso
Padre Dios Decidió Revelársele a Abraham, porque ya había llegado el momento de
dejar de ser idólatras. A partir de allí en El Gran Juego se nos posibilitó
acceder a los niveles de los Verdaderos Creyentes, en donde aprenderíamos a
creer en el Único Dios Verdadero y, consecuentemente, a enseñar a los idólatras
a abandonar sus idolatrías.
Y no me mal interpreten, nunca ha sido el deseo de nuestro Amoroso Padre
Dios que Ismael e Isaac se llevaran mal y mucho menos que se odiaran, pero
ciertamente tenía que separarlos a los fines de que ellos procuraran reencontrarse
en el amor, no sólo por ser hermanos de sangre, sino porque el Resumen de las
Reglas de El Gran Juego es Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como
a uno mismo. Evidentemente, éste reencuentro cada vez parece menos posible pero
no por causa de nuestro Amoroso Padre Dios sino por causa de los ismaelitas y
de los israelitas que no han logrado comprender que hemos venido a éste mundo a
amar. Evidentemente, esto también se espera de todos y cada uno de nosotros,
miembros de cualquier agrupación religiosa: VENCER EL ODIO CON EL EJERCICIO
CONSTANTE DEL AMOR.
En todo Juego siempre hay, por lo menos, dos equipos rivales, que se
enfrentan en un torneo para anotar puntos y así superar un equipo al otro.
Consecuentemente, se hizo necesario separar a dos hermanos para que COMPITIERAN
EN BUENAS ACCIONES, cada uno por su lado, uno si se quiere alejado del Único
Dios Verdadero (Ismael que fue separado de la casa de su papá y
consecuentemente de su Dios) y el otro Isaac, quien por vivir en la casa de Abraham
evidentemente crecería creyendo en el Único Dios Verdadero. ¡Veamos a ver quién
lo hace mejor! ¿Quién anotará más puntos?
Y claro que, se esperaría que aquel que crecería creyendo en el Único Dios
Verdadero realizara las mejores BUENAS ACCIONES, pero evidentemente se olvidó
de su hermano, a quien debió buscar para enseñarle acerca del Único Dios
Verdadero. Pero no, simplemente se encerró en sus ególatras creencias de
creerse el elegido. Así que, se hizo necesario asignarle a Mahoma la tarea de
intentar de reunir nuevamente a los dos hermanos, separados hace tantos años,
por causa de la actitud visceral de una mujer, pero con la anuencia de nuestro
Amado Padre Dios, a los fines de que jugáramos un Juego muy serio, cuyo Premio
Es Su Hermosa Amistad.
Algunos dirán: "¡Pero Mahoma surgió como seis mil años después de
haberse separado Ismael e Isaac! ¿Tanto tiempo tardó e intentar
reunirlos?", pues les diré que si lo miras con ojos humanos evidentemente
transcurrió mucho tiempo, pero a los Ojos de nuestro Amoroso Padre Dios, Quien
Vive en La Eternidad, desde la separación de Ismael e Isaac hasta la
designación de Mahoma para reunirles en el amor, transcurrieron quizás unas
horas, por no decir minutos. Durante ese corto tiempo, nuestro Amoroso Padre Dios
estaba esperando que los israelitas ayudaran a los ismaelitas a creer en el
Único Dios Verdadero, pero tristemente se han creído siempre el pueblo elegido
y se les ha olvidado para qué fueron elegidos. De allí que, pasadas algunas
horas -minutos quizás- de haberse iniciado El Gran Juego, se hizo necesario
enviar a Mahoma, para ver si era posible lograr el objetivo, de reunir a Ismael
con Isaac, pero esta vez moviendo a Ismael a dejar sus idolatrías, para que, al
creer en el Único Dios Verdadero, se acercara a Isaac y lo abrazara como a un
Verdadero Hermano.
¿Hermoso verdad? En un juego de policías y ladrones todos no pueden ser
policías. Por eso se hizo necesario separar a Ismael y a Isaac. En un juego de
policías y ladrones se espera que los ladrones se conviertan en algún momento
en policías (se pasen al equipo de los buenos), pero tristemente, en el
desarrollo de El Gran Juego, muchos policías se convirtieron en ladrones (se
pasaron al equipo de los malos). Resultó entonces que, con el paso de algunos años
-horas para nuestro Amoroso Padre Dios-, en vez de procurar reencontrarnos como
hermanos, nos hemos separado cada vez más, creando muchas religiones, con
dioses a nuestra medida, pero olvidándonos que El Único Dios Verdadero lo único
que espera de nosotros es que nos amemos unos a otros como Él Nos Ama.
Escrito por: Noel Méndez
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